

La Musiquè de la Peliculié
29.Jul.2010 | Me la pasé media vida creyendo que me dedicaría a hacer cine. Hice algunos videos. Leí sobre cine y vi las películas que pude. Luego, después de adormecerme durante 4 años en un frenesí productivo entre video, teatro y música, que más que productivo era narcótico, vino una reflexión importante: "o hago cine, o hago música, o hago algo, o no hago un culo". Y entonces decidí volver a vivir con mis viejos.
Así podría controlar mejor los excesos. Necesitaba algo que me diera tranquilidad, algo hermoso. Y entonces empecé a hacer música Rasqa. En esos días apareció Rubén Mendoza en mi vida, en Bogotá, en casa de Coco, el actor de la Candelaria. Y algo surgió, ahí en la humareda dulce. Poco a poco, con los meses, Rubén me devolvió al cine. Sería extenso narrar con detalle, pero algún día llegó este man a mi casa en Piedecuesta, en un carro, con el Mono y con Nicolás, quienes serían sus colaboradores en el video clip "El sietemanes", canción del disco ONCE RASQAS de mi banda Velandia y La tigra. Delicia de video.
Y a los dos días hicimos otro clip, el de "Dejo". Un video que terminó siendo el homenaje en vida a una mujer hermosa que nos dejó de esta vida y que había sido una de las personas más importantes para mí en aquellos cuatro años de delicias sin pausa. Y de paso, en ese clip ella se convirtió en un ángel para quienes estuvimos en ese rodaje. Valga la oportunidad para dedicar la música de La Sociedad Del Semáforo a esa jovencísima realizadora, señorita preciosa, que se fue sin avisar.
Un día Rubén me dijo que hiciera la música de su cortometraje "El corazón de la mancha". Era la oportunidad de hacer algo sabroso pal oído y el ojo. La hice. Y una llamada a media noche me dejó claro que entre el tal Mendoza y yo había mística. "Hijueputa, qué felicidad", decía el loco por el teléfono. Estaba feliz por la música que yo le había enviado por internet. Y yo de ahí pa’ abajo no pude dormir más de saber que había logrado complacer a un director que no es, ni mucho menos, sordo.
Rubén hace muchas películas al mismo tiempo y tiene muchos amigos músicos. A todos y a cada uno nos ha encargado la música de alguna de esas películas cortas. Pero venía el largometraje, su ópera prima (así llaman esa mierda, que ni es ópera, ni es prima), su Sociedad Del Semáforo. Y yo que sabía de Rubén desde que leía revistas de cine que hablaban de él y de su exitoso corto "La cerca". Y pensaba: "con este man me gustaría trabajar algún día". Aunque teníamos varios videoclips y la música de uno de sus cortos en nuestro catalogo, aún me parecía que hacía falta algo. Pues, como un convocado a la selección de futbol me sentí cuando el boyacense Mendoza me dijo que le hiciera la música pa’ su largometraje. “Ay, ahora sí me toca a yo", pensé con arrogancia. Y cómo no, le iba a hacer la música a la película de mi antes desconocido admirado y ahora cómplice y ñero, Rubén Mendoza, nominado en Cannes y conocido hasta en la misma China, un personaje.
Para esos días ya empezábamos a volvernos hermanos, a trascender la amistad y a convertirnos en almas gemelas, en sangre de la misma sangre. Y compré unos cuadernos pentagramados y empecé a escribir pepas pa’ la película. En eso me la pasé un buen tiempo, desde antes de empezar el rodaje. Leí el guión y me atrapó.
Yo que había leído mucho sobre música para cine y había estudiado con un maestro que también hizo música para cine, y que pa’ que lo mento si no he de ponerme rulos con los honores de otro. Sin embargo de poco o nada servía todo lo leído y estudiado. Cada obra de arte es volver a empezar, a inventar. No lo digo como quien recita leyes, lo digo porque es la obra misma la que le estrella a uno esa realidad en la jeta.
Así que todo lo que había escrito en esos cuadernos pentagramados no servía pa’ ni mierda. Una cosa es la música, otra cosa es la música para cine. No se puede andar suponiendo no más lo que puede o no funcionar. Hay que meterse en el rollo. Conocer la naturaleza de la película. Esta película estaba siendo realizada con mucho riesgo, mucho vértigo. Mucha improvisación, permitiendo la espontaneidad de los actores y jugando con la cámara más allá de los planes del guión.
Compartí con los protagonistas "Raúl" y "Cienfuegos" en un viaje que armó Rubén a Umpalá, Santander, donde habíamos grabado el clip de "Dejo". Son de esas cosas que hace Rubén y que hacen de su cine algo más allá del arte. Es más bien una comunión con sus amigos con los que rueda. Esto fue después de rodada la peli y gracias a ese encuentro maravilloso en el campo, en el río, en la historia de esas dos personas hermosas que ahora están inmortalizadas en el lente de Rubén, me adentré en el planeta de la película. Se me estallaron las pepas.
Programamos una fecha para grabar la música, y llegó la fecha y yo no tenía nada. Justo una tarde antes de la llegada de Rubén a Piedecuesta compuse una canción que necesitábamos para una escena particular, tenía que ser canción, y tenía ser en la onda de DEJO, y la hice como pariendo un perro por la boca. Llegó Rubén y lo recibí con esa sorpresa. Algo me decía que sería un acierto. Y lo fue. La hice para él más que para la película. La hice porque en esos días Rubén necesitaba (sin saber) volver canción su más reciente asesinato. Y yo le dije "brindemos por el fracaso, mi hermano". Era perfecto el pretexto porque en la película iba a funcionar esa emoción, y yo no podía inspirarme en algo ficticio, necesitaba algo real. Así que esa canción "Calavero" hay que escucharla sabiendo que es el propio Rubén el que habla.
Después de una noche donde planeamos el guión de la música juntos, nos fuimos a grabar a la banda de Piedecuesta, tal como quería Rubén, música hecha en Piedecuesta, y unas horas antes escribí unas pepas, muy pocas, unos esquemas simples. Pensaba que necesitábamos una textura apropiada, más que una melodía o una intención. Además que la intención ya estaba implícita, porque la música sería Rasqa, y la Rasqa se toca con huevas y ovarios, como los que tienen los de la sociedad del semáforo.
Lo demás ya lo cuenta Mendoza muy bien. Hay otra pieza que es una canción mía que a Rubén le parecía buena pa’ una escena, yo la volví a grabar para darle un color acorde a lo que veníamos haciendo, otra forma de producirla más grasienta como es la peli.
Y una que otra cosa por aquí y por allí, que suena a veces suavecito pa’ que se sienta pero no se escuche. Entre esas, la participación del santo del demonio, Negro Navas con su ya célebre canción LA PEPA DE LA MARIHUANA, y mi viejo, el que me heredó las mañas, que se declamó por ahí una vainita que ya verán.
Esta es pues es mi primera película, es el premio a mi amor por el cine. Porque es un amor de muerte el que tengo por el cine y aquí en la Sociedad del Semáforo no hice más que chuparme ese amor.
Dedicada a la gran Kelly Toloza.
Trailer oficial de la película
29.Jul.2010 | Este no es el típico tráiler que usted encontrará de una película, esta es de verdad una invitación a sumergirse en el universo de Raúl Trellez, el protagonista de La sociedad del semáforo, el Dios del mugre. No trate de esquivarlo, porque seguro se lo encuentra de frente, SE LE DIJO.
Ver en YouTube
Nuevos esta semana.29.Jul.2010
Moño: Un nudito de felicidad que se desgrana para pegar un sueño. "Y luego se van pa'l cuartel. Al menos las mujeres no".
Policía: Varías cias.
Reloj: El tiempo todo locura.
Diccionario: Copia del Negro Navas.
Capricornio
29.Jul.2010 | Si la vuelta que le iba a dar la vuelta no le dio la vuelta, dé la vuelta y dese cuenta de que esa vuelta era la que le tocaba para que usted diera la vuelta. La vuelta de verdad. Su período de oscuridad tiene su precio, pero tal vez tenga también su recompensa. Del futuro nadie sabe y el presente lo manchan los manchones. Alístese con la mirada limpia que tal vez sea la única posibilidad de conjuro. Si las raíces son ciertas el árbol seguirá fundido. El alma es ese pedacito de imán que tiene entre pecho y espalda, y de cuya llama usted es dueño. Bocas de mercurio, muchas bocas de mercurio. Leer más